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domingo, 12 de agosto de 2012

Durmiendo con la Pelusa Siniestra


Las entradas de esta noche decidí escribirlas porque en la tarde justo después de despertar de mi siesta (¿siesta? ¡pues si casi hiberné! >.<) recordé un hecho que ocurrió hace varios años ya.

Era noche, pasadas las 00:00 cuando mi gata de aquel entonces, Pompón, se subió a mi cama. Sentí cuando brincó y caminó por mis piernas. Estaba yo todavía medio dormida, me senté en la cama y estiré la mano y toqué su pelaje suavecito. Ella caminó y caminó un poquito más hasta que por fin levanté el edredón y ella se metió debajo. Nos dormimos ahí juntitas.

A la mañana siguiente cuando desperté Pompón ya no estaba; busqué ingenuamente debajo del edredón jeje pero pues no, no había pompones ahí pero asumí que como todo gato se cansó y se largó porque se le vino en gana y andaba por ahí ya realizando sus estiramientos gatunos matutinos.
Más tarde y puesto que no había visto a la gata ahí en la casa le pregunté a mi mamá por la gata. Me dijo que no se había metido esa noche o que al menos cuando ella salió a echarles cena a los gatos Pompón se quedó afuera. Le dije que no podía ser posible porque había dormido conmigo.
-Pues tú papá llegó más tarde, tal vez fue él.
Pero cuando se levantó papi y le pregunté si había sacado a Pompón dijo que no. Y desde luego, tampoco la había dejado entrar.

Fue raro y por un momento pensé que lo había soñado, pero no, ¡es en serio! ¡todavía siento así lo suavecito de su pelo! Entonces mi hermana dijo:
-Yyyyyy, ¡dormiste con la pelusa siniestra!

Pues... ¡creo que sí! D: 

Y aquí se preguntan ¿quién jodidos es la pelusa siniestra? Bueno, esa es ooootra historia... que les contaré ya :)

Cuando mi hermana entró a la secundaria yo iba en 3er año; los primeros días al llegar a casa mientras nos cambiábamos el uniforme platicabamos sobre lo que habíamos hecho en la escuela, algún comentario que había dicho un compañero o me preguntaba sobre alguna materia o maestro. 

En una ocasión se metió al cuarto con nosotros la Pelus, una gatita blanca de ojos azules muy hermosa que teníamos y anduvo curioseando por todos lados. Recuerdo que mi hermana estaba sentada en la cama de abajo de la litera y yo estaba parada a un lado de ella cuando de pronto vimos pasar corriendo una bola de pelos blanca desde debajo de la cama hacia debado del escritorio. "Es Pelus". Pero entonces salió la gata corriendo tras la bola de pelos blanca que pensamos era la Pelus pero que no era la Pelus. Mi hermana y yo nos miramos, más desconcertadas que asustadas y sorprendidas. La gata salió del otro lado del escritorio pero la cosa blanca no.

La describiría... así, como una bola de pelos, como un diente de león tupido y grande, del tamaño de un gato, pero no se le veían patas ni cabeza, como si... volara ¿saben cómo? Pasó muy rápido. Y era demasiado grande para ser un ratón.

Días después le contamos a mi papá, así con una tranquilidad tremenda, y él no nos creyó jojo XD pero insistimos tanto que al final, y como experto en el análisis del lenguaje corporal que es, nos volvió a preguntar.
-¡Es en serio!-le dijimos las dos.
Su rostro reflejó mucha sorpresa.
-¡Es en serio! ¡De verdad vieron esa cosa, esa... pelusa siniestra!


Ya no hemos visto a la pelusa siniestra pero Jessy dice que a veces se lleva nuestras cosas y las esconde. Eso, o son los gnomos que trajo Mony de su casa en la pijamada de año nuevo; de hecho Jessy tenía la teoría de que si algo se cae debajo de la cama o detrás de un buró y así, si no lo recogemos dentro de cinco días los gnomos o duendecillos se lo llevan.
Ah, pero a veces la pelusa siniestra tira las cajas que hay arriba del closet o le avienta cosas. Pregúntenle, con toda confianza, ella es testigo de las travesuras de la pelusilla.

Mmm, ¿dónde estará? ¿o qué andará haciendo esa pelusa? No sé, pero ojalá que se quede allá on ta vacacionando, no tengo la más mínima intención de saber de su paradero.

"Cuando deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para que realices tu deseo"


Siemrpe he amado esa frase. Soy de las personas que cree que querer es poder y que si de verdad quieres conseguirlo harás hasta lo imposible por alcanzar eso que te has propuesto.

Pero la primera vez que creí seriamente en esa frase fue debido a una experienca un tanto... curiosa. Y por ello tengo que contarles la historia de Pompón.

Ella fue hija de nuestra amada Mamá Gato, una preciosa gata ragdoll que nos encontramos acompañada de gatitos hace muuuucho tiempo (de ahí que le pusieramos así jojo X.x). Pompón era muy juguetoncita, muy linda, de colores cremita y cafecito y unos preciosos ojos azules, muy parecida a su mamá pero con los colores más tenues. 

Pompón sufrió un terrible accidente cuando una tarde mi papá me iba a llevar a la casa de la cultura a mi ensayo con la orquesta: él encendió el motor de la troca y de pronto salió la gatita retorciéndose. Mi mamá y yo nos asustamos mucho, estaba escondida dónde el motor del auto y mi papá dedujo que el golpe al prenderlo le había reventado sus órganos. Quedó en el suelo, inmóvil y sin respirar. Lloré mucho en el trayecto al ensayo y todavía cuando estaba tocando la tristeza me embargaba a tal grado que ni los regaños del profe Gil me importaban, ¡y vaya que me regañó ese día! Creo que fue el día que más me corrigió y llamó la atención; con justa razón, yo no lograba concentrarme en lo que estaba haciendo. 

Porque no dejaba de pensar "Dios, no es cierto, dime que no se murió por favor, te lo suplico, no está muerta" y fantaseaba con que iba a llegar a mi casa y la Pompón iba a estar frente a la puerta sentada, maullando y moviendo la cola. Pero de inmediato mi cabeza rechazaba la idea, porque yo la había visto muerta, yo vi como se retorcía y se quedó ahí petrificada. Pero no dejaba de pedir que todo fuera de a mentiritas.

Cuando mi papá fue a recogerme mi abuelita Sofi iba con él, y sonreían mucho pero no sabía por qué, hasta que mi papi dijo:
-¿Qué crees? ¡La gatita está viva! No se murió.
¡No me la creía! Cuando llegué a casa estaba la gatita en una cajita acostada, pero despierta, medio atontada porque mi mamá le había dado una pastillita para el dolor. Al poco rato se paró y andaba caminado y subiendo, con cuidado y lento, por los sillones; al parecer el único daño que tenía era en su oído derecho porque le costaba mantener el equilibrio cuando se sentaba sobre sus patas traseras, y un una como jorobita que le salió en la columna. Pero a los pocos días se recuperó por completo. Sin embargo, debo admitir, quedó medio tocada la gata =S

Según cuenta mi mamá cuando nos fuimos metió el "cadaver" en una bolsa de plástico, del Oxxo para ser precisos XD pero no quería dejarla afuera porque le daba cosa que los gatos chismosos se acercaran y la abrieran así que la metió y la dejó en el suelo junto a la puerta. Tiempo después, mientras veía la tele empezó a escuchar un ruido raro. Y se asustó. Y puso en silencio la televisión. Eran como jadeos, como si alguien respirara muy agitadamente. Entonces sus ojos pasaron por la bolsa del cadaver y ¡oh sorpresa! la bolsa se movía. Corrió a abrirla pero no pudo, así que la rompió. Entonces la gatita pudo aspirar todo el aire que sus pulmoncitos le exigían y al poquito tiempo logró sentarse y lamerse debilmente los bigotes.

Lamentablemetne como a los tres o cuatro años Pompón falleció asfixiada con un hueso de pollo. O eso pensamos; salimos a echarles comida y ella se acercó junto con los otros gatos pero varias horas después cuando salimos estaba tendida en el suelo, estirada. Pensamos que estaba dormida pero nos percatamos de que no respiraba. Volvió a una bolsa de plástico que fue vigilada por si de nuevo "revivía". Pero no lo hizo.

Sin embargo todavía hoy me cuesta creer que hayan sucedido de esa manera las cosas: el que sólo se hubiera desmayado o... caido en coma o no sé que fue jeje, el que mi mamá decidiera meter la bolsa, el que los daños no hubieran sido graves.

No sé, pero me gusta pensar que lo deseaba tantísimo que alguien allá arriba decidió complacerme. Tal vez pensó "Ah ¡pero como chinga esta chavala! Ándale pues, toma de regreso a tu gato, pero deja de fregar" XD

martes, 5 de junio de 2012

Recuerdos nadando en mi café


Salí de la librería con tres volúmenes en la mano; creo que cuando compro libros es de las pocas ocasiones en las que no me duele el codo sacar los billetes de mi cartera jeje. El cielo estaba oscuro a pesar de ser las cinco de la tarde y el viento que soplaba era fresco. Me puse en camino hacía la parada del camión pero a mitad del trayecto paré. Y pensé. E hice cálculos... y me di cuenta de que tenía suficiente dinero para darme un gustito más. Así que di media vuelta y caminé calle arriba.

Llegué al lugar en el que por primera vez probé un café con sabor a amistad. De inmediato el olor dulce pero fuerte me embriagó. Aspiré fuerte y profundo, cerré los ojos y tragué, saboreándo el olorcillo. Me senté en la misma mesa de aquella primera vez y pedí la misma bebida que Priscila me recomendó ese día.

De pronto, el sonido de las gotitas estrellándose en el cristal de la ventana me hizo girar la cabeza. En cuestión de minutos... no, de segundos, la lluvia arreció empapando toda la calle y a quienes caminaban a paso veloz para refugiarse de ella. Me encantó la transformación del paisaje, porque a mis ojos de pronto se volvió cálido (sí sí, pareciera contradicción, o tal vez era que dentro del lugar tenían puesta la calefacción) y a pesar de que las nubes oscurecían la ciudad, a mi me parecieron más brillantes los colores, como con más vida, más nítidos.

Pero el olor de la taza humeante captó mi atención y el exquisito pastelito que lo acompañaba me abrió el apetito. 

Saboreé ese momento muy lentamente, con mucho cuidado y gusto. Y con cada sorbo que daba al café una memoria se desprendía del recóndito escondite en el que se ocultan esos recuerdos que... de pronto recuerdas.

La noche de invierno que reímos a carcajadas Mara, Priscila y yo en un café para después, en medio de un chipi chipi correr al teatro de los héroes para terminar de deleitarnos con un concierto de la filarmónica; las pláticas que le siguen a esos conciertos en las que pareciera que nunca nos quedamos sin tema de conversación Mara y yo mientras esperamos a que lleguen por nosotras; el concierto que tuve con la orquesta solo unas calles más lejos de aquel plácido lugar y lo que esa tarde significó para mi, y entonces a mi mente vino la imagen de Tania, mi primer maestra de violín, y su bonita sonrisa y sus regaños. Y luego el resto de mis maestros de música: el de la carcajada que tanto me encantaba, el que tenía un niño precioso y encantador, el que siempre tenía palabras de aliento y una mano para ponernos en el hombro y darnos ánimos, al que mi papá le quería pegar...  recordé el concierto al que fue toda mi familia a verme y lo orgullosos que estaban y como me preguntaban emocionados "¿por qué el director hace eso? ¿quien es el que va a mero enfrente? ¿por qué a ti no te dio la mano, quieres que vaya a hablar con ese señor?". 

Recordé la vez que jugamos a la botella en la cafe Tania, Lali, Mel, Ilse y yo, y la pregunta "X" de Tania que casi hace que me muera no sé si de la vergüenza o porque el panini se me atoró en la garganta. El viaje en mi infancia a Boston y Nueva York, cuando no alcanzamos el vuelo de Houston a Chihuahua y yo lloraba como enloquecida y la señora de la limpieza amablemente intentó calmarme diciendo "no llore mija, ahorita vuelve el avión", como si yo no estuviera conciente de que el trinche avión no iba a regresar por nosotras. De cuando fui a patinar en hielo con mis primos y mi hermana, el pastel que había partido con mi familia días antes por mi cumpleaños y la caja de rompecabezas que me regaló el novio de mi hermana un año antes.

Repasé mis tristezas, mis penas sentimientales, los momentos en los que sonreía tanto que me dolían los chachetes y me la pasaba cantando, inconscientemente, todo el día. Al muchacho de la secundaria que bien mariconamente me tenía miedo, el que me gustaba en primer semestre del bachi y que cuando vi su foto actual me sentí horriblemente avergonzada (y hasta pedí perdón porque alguna vez me gustó eso), el chico que me enamoró el último año de bachilleres y que la vez que acompañé a Alberto a tocar a escondidas el piano que hay en el teatro de los héroes, desee que fuera él quien sacaba aquella hermosa canción y hasta me lo imaginé dedicándomela. 

Y lo recordé a Él. El dueño de mis penas actuales, por quien a veces tengo ganas de llorar pero otras me place darle una patada en la entrepierna tan fuerte, que a los hijos de sus hijos que no han nacido les dolería por el resto de sus vidas. Miré la lluvia caer fuertemente afuera, miré mi taza humeante de café, miré el asiento de enfrente vació. Y deseé con todas mis ganas que estuviera ahí. Al menos para aclarar las cosas, para decirle todo lo que siento aún a pesar de que su respuesta seguramente sería "perdón pero yo no siento lo mismo". Quería decirle lo imbécil que era por seguir sonriendo y cortejando muchachas y pasando sus días sin recordar siquiera las cosas que me dijo en el pasado mientras yo lo pensaba cada mañana al despertar y pedía a Dios todas las noches por él... y por quien fuera la dueña de su corazón, para que la felicidad jamás lo abandonara.

Me di cuenta de que los ojos se me humedecían, y la verdad mi belleza se reduce un poco cuando se me enrojecen los ojos por el llanto. Sequé la lagrimilla malcriada que amenazaba con salir corriendo por mi mejilla, hundí la nariz en la tasa y respiré el olor del último trago de café que me quedaba. Lo bebí muuuy lentamente sintiéndolo pasar por mi garganta, me sequé los labios con una servilleta y caminé hasta la pequeña registradora del lugar.

El café comenzaba a llenarse, eran casi pasadas las siete pero en mi cabeza ya no había espacio para el posible regaño de mis papás. Pensaba en alguien más.

Cerré mi cartera y la estaba metiendo en mi bolsa cuando, al levantar la vista, mi corazón se detuvo; el último "pum" que dio fue fuerte, lo sentí. Era él, el hombre que tanto deseaba me hubiera acompañado al otro lado de la mesita. Iba solo, tan pulcra y elegantemente arreglado como siempre, su cabello bien peinado (aunque se peina como Peña Nieto jaja XD pero él sí se ve muy guapo) y su sonrisa tan sexy. Caminó hacia el fondo del lugar y yo casi corrí para no toparme con él. Le saqué la vuelta, esquivé mesas, personas, manchas pegajosas de una tasa que recién había caido desde la mesa, todo para no tener que cruzar palabras con él. 

Estaba a solo unos cuantos pasos de la puerta, ¡ya me sentía libre! cuando una señora se levantó de su mesa, desviando al sujeto un poco de su camino; fue una mesa nada más la que tuvo que rodear. Pero me vio. Yo no lo vi a él, ni siquiera giré la cabeza, tenía la vista bien fija en mi meta: la puerta.
¿Cómo me di cuenta entonces de que me vio? Porque bien claramente escuché, aunque un poco perdida entre las voces y las tazas golpeando las mesas, su potente voz pronunciando mi nombre. Que digo pronunciando, gritandolo.

-¿Andrea? ¡Andrea!

Yo hice como si la virgen me hablara, ni siquiera disminuí la velocidad. Es más, hasta me di el lujo de mover un poco la cabeza hacia mi derecha, como si otra cosa hubiera llamado mi atención. Eso sí, el corazón estaba que se me salía, latía tan rápido que hasta me dolía el pecho, y cuando estiré el brazo para empujar la puerta noté lo mucho que estaba temblando. Salí del lugar y escuché una última vez mi nombre. La lluvia volvía a caer fuertemente, así que corrí un poco, solo lo suficiente para alejarme del café. Crucé unas cuantas calles con naturalidad y corría de vez en vez, como apurada por no mojarme (pero ya comenté lo mucho que amo la lluvia, así que en realidad eso me encantaba y lo hubiera disfrutado más si no fuera por la presión del momento). Cuando estuve a una distancia prudente volteé para asegurarme de que estaba fuera de peligro.

Todavía cuando llegué a mi casa el corazón, aunque un poco más tranquilo, seguía medio alborotado. Y no me regañaron, de hecho mi papá se alegró de que me diera un ratito para mi.


Hay que tener cuidado con lo que se desea. Y a partir de ahora tendré cuidado al momento de elegir en cual café me refugiaré un rato, aunque creo que en esta ciudad no estaré muy a salvo la verdad. Que bueno ;)

lunes, 4 de junio de 2012

Sueño de una revolución (o algo así)


¿Les ha pasado que al despertar apenas si recuerdan, así bien remotamente, sobre qué soñaron, pero pasan los días y de pronto se les va revelando poco a poco lo que vieron tiempo antes mientras dormían? Pues a mi suele sucederme muy seguido. Y hoy fue uno de esos días en los que, de cachito en cachito, recuerdo lo que soñé.

Recuerdo que veía, a lo lejos por la calle, venir un montón de autos con banderas; yo estaba recargada en la baranda de una casa algo viejita, pero muy amplia. Entonces entraba corriendo y avisaba a las mujeres que había dentro que la marcha se acercaba. Todas dejaban sus tareas (picando o pelando verduras, cosiendo ropa, regando macetas...) y corrían hacia el barandal conmigo. Íbamos vestidas como... de antaño, no sabría ubicar exactamente de que tiempo, pero eran años pasados. Cuando la multitud de autos y personas pasaba justo frente a nosotras, sacábamos pancartas y mantas y carteles exigiendo algo que tampoco recuerdo, pero que seguro se debía a la represión de la que éramos víctima las mujeres. Todos los que iban en la marcha nos dedicaban miradas de reproche, pero nosotras, solemnes, no nos dejábamos amilanar.

Un enorme árbol con hojas muy verdes y florecitas lilas y blancas nos daba sombra, y el olor que despedía era realmente embriagador. Y miren que no hay muchos sueños de los que recuerde el olor.

Después volvíamos al interior de la casa y a nuestras labores; yo tomaba hilo y aguja y continuaba con un bonito bordado de un pájaro azul.

Pero pasados unos momentos escuchaba los cascos de los caballos azotando contra el suelo, cada vez más cerca. Corría a asomarme y eran sujetos con uniformes militares que se avecinaban a la casa. De inmediato avisaba a mis compañeras y me dirigía a la puerta de la cocina, por dónde salíamos todas. Al otro lado de la pequeña cerca todo era... llano, y luego unas montañitas medio piratas que saltábamos y por un momento quedábamos fuera de la vista de nuestros enemigos. Corríamos, corríamos mucho. Algunas se quedaban atrás, pero las demás seguíamos. 

Llegábamos a un pueblito en el que preparaban una feria o algo así. Había mucha gente trabajando en carpintería, herrería, colocando la fruta en puestecitos. Nos dispersábamos en busca de refugio y yo me escondía debajo de las tarimas de un escenario; el jefe de la caballería se acercaba, sabía que yo estaba cerca. Las patas del caballo casi me pisaban la nariz pero al poco tiempo se alejaban. De inmediato corría y me escondía en una especie de chocita. Estaba muy cansada y varias de mis compañeras ya habían sido atrapadas o muertas. Mi respiración era muy agitada y sentía que el corazón se me salía, entonces me decía:

-Ya no puedo, me voy a entregar. Me canso de correr y tengo miedo, ya no sé como escapar. Me voy a entregar.

Entonces escuchaba la voz de un viejecito. Asustada daba la media vuelta y un anciano sonriente que boleaba zapatos, sin dejar su tarea de lado me decía:

-¿Tan pronto te das por vencida? Pero si aún te falta mucho por hacer; eres muy inteligente, eres astuta... eres mujer. Así que ¿qué esperas? Despierta ya, levántate ¡y actúa!

Y justo entonces desperté.

Aún no estoy muy segura del porque de ese mensaje de mi subconsciente pero fue bastante interesante. Y es en serio, sí soñé esto eh, aunque cueste creerlo.

Y de paso quiero que conste en esta entrada que dejé el escrito a medias por un momento porque tuve que luchar contra una astillita que se me enterró en la mano. Dolió mucho y nada más salió la mitad de la muy maldita. Pero ajá, quería que se enteraran de eso.

¡Besos! ;)

viernes, 1 de junio de 2012

El pastel de cumpleaños


Por lo general mis sueños son... raros, extraños, y siempre los recuerdo medio incompletos. Pero hace unos días tuve uno que todavía hoy cuando hago memoria lo veo claramente. Como si viera una película. No, más bien como si estuviera leyendo un libro y mi mente reprodujera la escena...

Caminaba por la calle sintiéndome aún algo incómoda por las nauseas; lo atribuía al bebé que venía en camino (porque en el sueño tenía la certeza de que estaba esperando uno, aunque mi figura aún no daba muestras de ello), así que de mi bolsa sacaba un cuadrito de galleta salada y me lo metía a la boca. Entonces un pequeñito salía corriendo de mi lado y se paraba frente a una vitrina con hermosos y suculentos pasteles en exhibición.

-¡Estos se ven muy ricos!-gritaba. Así que corría un poco para llegar a su lado.

Llevaba un bonito vestido de tela floreada. La falda se agitaba con el viento y me encantaba la sensación de la suave tela alrededor de mis piernas.

-Wow-decía yo al llegar hasta la vitrina-¿cuál te gusta?

-Se me antoja mucho ese-y señalaba uno con mucho chocolate-, mmm pero creo que a él le gustaría más aquel-y apuntaba a uno más sobrio cubierto con nueces.

Silencio. Algunos carros que a lo lejos se escuchaban. El niño me miraba indeciso.

-¿De quién es el cumpleaños?-le preguntaba.

-De papá-contestaba sonriendo aunque un poco decepcionado.

Ponía mis manos sobre sus hombros, suspiraba y para reconfortarlo le decía.

-La verdad a mi también se me antojaba más el otro-lo tomaba de la manoy entrábamos a la tienda.

Me recuerdo joven, tal vez con un par de años más, unos veintitres (porque ya cumplí los veintiuno jojojo) y aunque me era raro llevar a un chico de cinco o seis años agarrado de la mano, sentía como un cariño especial por él.

En cuestión de minutos una chica nos estaba entregando una caja a la vez que yo le extendía la mano con una tarjeta de crédito (¡tenía tarjeta de crédito! jaja). Emprendíamos de nuevo la marcha y al poco tiempo llegábamos a un bonito y lujoso auto.

El niño y el pastel eran colocados en el asiento trasero. Recuerdo que el interior estaba fresco así que supongo que el aire acondicionado estaba encendido. Yo me dirigía a la parte trasera del auto y abría la cajuela, en dónde había una enorme caja de regalo azul con un moño plateado. Sacaba de mi bolsa una pluma y una especie de tarjetita en blanco y después de pensar un rato escribía: "Para el mejor papá del mundo. Te amamos". Pero no la colocaba en el regalo; la metía en un sobrecito y lo guardaba junto con la pluma en la bolsa nuevamente.

Subía al auto y miraba al pequeño por el retrovisor. Me sonreía. Le sonreía. Y nos poníamos en marcha.

Legábamos a una casa grande, con un enorme jardín, lujosa y rodeada de otras casas del mismo estilo.

El pequeño bajaba corriendo del auto y se dirigía a la puerta mientras yo sacaba el pastel.

Salía una sonriente mujer de unos treinta y tantos años y recibía al niño con un enorme abrazo y un beso. Me acercaba yo también con una gran sonrisa. Ella era bonita, con su cabello rojizo bien arreglado, sus labios color carmín enmarcando su blanca y perfecta dentadura y un bonito vestido lila.

-Muchísimas gracias Andrea por ir a comprar el pastel, no sabes la ayuda tremenda que me has dado.

-No, por nada-contestaba-sabe que cuenta conmigo para lo que le pueda ayudar.

-Que linda, muchísimas gracias. Y espero que Jesús no te haya dado mucha lata-decía poniéndo una mano sobre la cabeza del niño mientras con la otra apretaba la caja del pastel contra su cintura.

-¡Para nada! Es un encanto su hijo.

-Gracias en serio. ¿Entonces te vamos a ver más tarde en la pequeña fiesta de cumpleaños de R.?

-Por supuesto-contestaba, comenzando a alejarme-aquí estaré. Nos vemos más al rato-me despedía con la mano en respuesta al "¡adiós!" que gritaba Jesús. Subía al auto y lo encendía. Y mientras el coche comenzaba a ponerse en movimiento, sonriendo me decía:

-Por nada del mundo faltaría al cumpleaños del hombre al que amo, del padre del hijo que estoy esperando.


-o-o-o-o-o-

¡No me juzguen! Estoy totalmente en contra de esas situaciones, como la que se ve reflejada en mi sueño. Tal vez lo soñé porque... me disgusta tanto. O porque mi subconsciente trata de mandarme un mensaje que aún no logro descifrar =/





miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Lo recuerdas?


Yo recuerdo esa noche, ¿tú recuerdas esa noche? Era el último día del grupo juntos antes de las vacaciones y todo eran risas, despedidas, chistes y voces femeninas gritando "¡te voy a extrañar!". Y te vi, un tanto retirado, con tu traje negro cuidadosamente arreglado y tu enorme sonrisa, siendo testigo a lo lejos de ese momento. Entonces yo tenía un leve sabor a triunfo en el paladar y en el alma, ¿lo tenías tú?

Me acerqué con la mejor de mis sonrisas (es extraño, te veía y de inmediato comenzaba a sonreír), extendí mis brazos y cuando estuve frente a ti dije: "¡feliz cumpleaños adelantado! Ya no te veo así que te doy tu abrazo de una vez". La curva que había en tus labios se amplió aún más, y correspondiendo a mi abrazo me estrechaste fuertemente. "Que tengas unas bonitas vacaciones" agregué. Una de tus atronadoras carcajadas hizo que se me acelerara el corazón y en mi oido, muy juntos los dos, contestaste: "muchas gracias, que linda, también espero que disfrutes de tus vacaciones". 

Nuestros cuerpos se separaron después de un ligero beso en las mejillas y nuestros ojos se encontraron dejando ver una sincera felicidad. Comencé a alejarme, pero nuestras manos no se soltaron. Y caminé y caminé, y traté de zafar mis dedos del agarre pero tú los apretabas fuertemente. Voltee hacia atrás, te miré, y me seguías sonriendo. Yo no dejé de caminar. Por un momento pensé que tal vez seguiríamos así hasta que a alguno de los dos se le saliera el brazo jeje y la imagen me pareció divertida. Claro que eso no pasó: mis dedos se fueron deslizando suavemente de entre los tuyos, hubo un último roce de mis llemas con las tuyas y... se acabó.

En ese momento me sentí mayor, como la protagonista de una película romántica, de esas viejitas cuyas portadas veía muy seguido antes en casa de mi abuelita. Tú, muy guapo y de traje; yo, con mi brillante vestido negro largo. Mi papá me preguntó que a que se debía esa sonrisa pero no pude más que soltarme riendo y decirle que a nada, que solamente estaba muy feliz.

¿Recuerdas ese día? Así fue como lo sentí yo, como lo viví yo, pero ¿y tú? Pienso en ello y me brinca el corazón, es un recuerdo que tengo aún muy claramente grabado en la memoria. En realidad toda esa noche la tengo memorizada casi a la perfección por todo lo que significo, por el ambiente tan alegre que nos rodeaba a todos, porque a pesar de que no había sido ninguna clase de concurso y no hubo rival alguno, sentíamos que eramos merecedores de alguna clase de victoria.

La verdad... hago un esfuerzo y no más no logro recordar la sensación de tus brazos al rededor de mi cuerpo. Sin embargo, tu mano apretando fuertemente la mia, tú mirada, tú sonrisa, eso sí que lo recuerdo muy bien.


Bien dicen que recordar es volver a vivir <3


lunes, 14 de mayo de 2012

Llorando bajo la lluvia


De esas veces que sientes el corazón atiborrado de... sentimientos, y te urge sacarlos porque ya no puedes con el peso que esto produce. Era una de esas veces. 

Ayer por la tarde, cuando volvía a casa, refugiada bajo el paraguas no me dignaba ni a levantar la cabeza para esquivar a quienes se cruzaban en mi camino. Ni para pedirles perdón por chocar con ellos.

La lluvia caía fuerte. Era mucha, como hacía mucho tiempo no había llovido.

Amo la lluvia; el olor a tierra mojada, la brisa fresca, el tronar de miles de gotitas en el suelo, las ventanas... y cualquier superficie. Pero me gusta sobre todo porque al llorar bajo la lluvia mis lágrimas se confunden con el agua resbalando por las mejillas.

Era el momento perfecto: cerrar el paraguas, caminar y dejar salir todo eso que me estaba ahogando. Era una buena idea, así al llegar a casa no tendría que encerrarme en el cuarto y levantar sospechas. Era lo que iba a hacer. 

Pero en cuanto sentí las primeras gotas mojar mi cabeza no pude más que sonreír, ¿a quién jodidos se le ocurre llorar bajo la lluvia? Que estupidez. Caminé lo más lento que pude y cada vez que alguien me preguntaba que si porque no usaba mi paraguas con una sonrisa le mentía: "está roto, igual me voy a mojar".

Quería llorar y terminé mojando mi cuerpo con lluvia prácticamente purificante.


Es que es en serio, ¡¡amo cuando llueve!! <3


martes, 10 de abril de 2012

Una confesión indiscreta



Se sentía eufórica, ¡exasperada! En verdad no lo podía creer.


-Vamos, ¡es de lo más común! Como si yo fuera la única que se ha enamorado perdidamente de su... maestro de... música.
     
Sus amigas la miraban con la boca abierta, como entre sorprendidas y espantadas.

Entonces lo comprendió: ninguna de ellas había tomado clases de música anteriormente...



Y si cualquiera se entera, ¿qué importa? A fin de cuentas no paso nada malo. De hecho no pasó nada.
;)


miércoles, 14 de marzo de 2012

En esta ocasión... debería dejar de escribir con el corazón =(



Quería escribir sobre nosotros, sobre lo que me pasó él y lo que hizo  de mi. Pero no contaba con sentir todo esto al intentarlo. 

Tenía la firma idea de que al plasmarlo en el papel me iría desahogando poco a poco, incluso pensé "tal vez alguna editorial lo publique y sse convierta en best-seller y gane mucho dinero contando la historia que tanto dolor me causó. Y ya para entonces no me importará el que se entere por lo que pasé, y si siente ofendido o traicionado ¡¡pues al carajo, hombre!!

Así que ayer, en la hora que tengo libre, me senté en la biblioteca y después de leer un ratito me puse a escribir. No había escrito más de una página cuando tuve la necesidad de parar; sentía el corazón encogido y un enjambre de abejas africanas me revoloteaba en la panza. Y pensé y pense... y me di cuenta de que en realidad no quiero escribir eso. Es decir, siento que debo, pero no quiero. Es como contar algo íntimo, algo que estaba guardado entre él y yo, a pesar de que ya se lo he contado a varias personas de mi confianza (y unas pocas que todavía no lo son jeje). Así que cerré el cuaderno y mejor me fui a esperar a que comenzara la clase.

Ya en la noche, en mi casa y mientras apagaba las luces para irme a la cama, caí en cuenta de lo siguente: no sé que impresión tenía él sobre mi cuando todo comenzó, no sé que sentía o le pasaba por la cabeza cuando me veía... así que en realidad me estoy inventando sentimientos que probablemetne no existían. Y eso me duele. Estoy creando una historia que en realidad no ocurrió en base a lo que sí ocurrió; y eso podría funcionar, pero pues no es la idea. Él nunca me quiso... más que para sus malévolos y sucios propósitos, y temo que es la parte de mi que aún lo quiere la que inventa esas ideas y conversaciones que nunca sucedieron. Osea, a resumidas cuentas, la historia no la voy sacando de mi cabeza en base a lo que recuerdo, sino del corazón, en base a lo que sentí... o quise sentir.

Aún así me he propuesto firmemente escribir mi historia porque estoy segura (o tengo la esperanza) de que eso me ayudará a superar esto.

Y pues... ajá. Ya veremos.






sábado, 23 de julio de 2011

¡Recuerdos de mi infancia!



Sin duda este fue de mis openings favoritos de pokemon (tururututu!), además del primero (y para mí el original: "tengo que ser siempre el mejor, mejor que nadie más...").

Todo comenzó cuando una de mis amigas puso un cachito del ending de Digimón 1: ¡aww, pero que buenos recuerdos! Así que di un paseó por todos los opening y ending de todos los digimon que hubo, pasé por Mikami la caza fantastas (aunque la serie nunca la vi), Dragon Ball, Las guerreras mágicas (aunque recuerdo la serie muy vagamente, sé que yo era Marina XD), Magical Doremi... ¡y muchos otros más! Y ahorita voy con Pokemón.

Mi papá ya me mandó a dormir, pero pues... tenía que compartir un trozo de mi infancia con ustedes, jajaja.

Besitos, buenas noches ^_^