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lunes, 25 de junio de 2012

Silencio cómodo


La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad y ahí estaba ella, parada bajo el umbral del edificio que albergaba su lugar de trabajo, esperando a que parara de llover.

De pronto las gotitas que mojaban la punta de sus zapatos dejaron de caer; miró hacia arriba y un enorme paraguas negro la protegía, miró hacia atrás y el hombre de sus sueños le sonreía.

-¿Me permite acompañarla hasta su casa señorita?

Y emprendió la marcha, cobijada más que nada por la imagen de ese adonis, con su pulcro traje negro, sus años de más y sus gafas tan intelectuales.

-Cae fuerte ¿no? Me recuerda aquellos días que pasé en Londres, tan gris y fría esa ciudad. ¿Has estado ahí?
-No-repondió timidamente.
-Yo sí, tres veces. Aunque París me pareció más bonita: en primavera el cielo es bien azul y hay un montón de enamorados. Sólo por eso prefiero ir a Viena. ¿Sabes dónde queda Viena?
-Sí, en Aus...
-Está en Austria. Me gusta esa ciudad.
-Ha de ser realmente hermosa.
-El primer lugar que visité de Europa fue España, y de América Latina fue Argentina. ¿Tu viajas mucho bonita?
-No en realidad.
-Yo sí.
-Ya lo había notado.
-A las muchachas de contabilidad les gusta mucho que les cuente de mis viajes; se juntan a mi alrededor como pajaritos para escuchar. ¿Tu eres del área de contabilidad?
-Sí-sonrió ella medio cohibida.
-Tengo una buena-dijo y soltó una carcajada-de aquella vez que fui a Berlín y...
-¡Hey! ¿Qué es eso?-lo interrumpió.

Con un sobresalto la miró. Calló y escuchó.

-¿Qué, la lluvia?
-No, eso otro.
-¿Los coches, el ruido de la ciudad?
-Espera, escucha.

Esperó. Menos de cinco minutos.

-No entiendo, ¿qué es lo que debo de escuchar?
-El silencio.
-¿El sil....
-¡Ssshhh! ¡Que no me dejas oirlo! Es bonito, me gusta más así-y lo miró sonriendo.

Él entendió la indirecta. Sonrió.

Siguieron caminando en silencio; ella complacida, él desconcertado, pero aún así le ofreció su brazo y ella con enorme gusto lo tomó y caminó cogida de él. Unos pasos más adelante le preguntó.

-Bonita, ¿quieres que te abrace?

-No-respondió enérgica-sólo cállate.

-Sí, claro.

Y siguieron caminando.


lunes, 11 de junio de 2012

Silencio incómodo



Cada uno iba sumergido en sus pensamientos cuando los caminos deambos se encontraron.
-Hola, ¿cómo estás?-saluda ella.
-Bien bien, ¿y tú?
-Bien también.
-¿Rumbo a la escuela?
-Sí, a recibir la tortura del día.
-Ni hablar, ¿qué le podemos hacer? Y lo peor es que pagamos por eso.
Ambos rien y comienzan a caminar uno junto al otro.
Silencio.
Nadie ha dicho nada aún para cuando van ya a la mitad del camino. Tal vez vuelven a nadar cada quien en sus ideas. Tal vez piensen el uno en el otro. Tal vez simplemente no piensen en nada.
-Que incómodo ¿no?-dice él.
-¿Qué?
-Este silencio.
-¿Silencio?-pregunta consternada-¿cuál silencio?
Se detienen y se miran con sorpresa.
-Este que hay entre nosotros.
-¿Es que no lo escuchas?
Entonces la cara de él refleja miedo.
-¿Escuchar qué?
-Como late mi corazón desbocado... por ti.